sábado, enero 24, 2004

La coartada del intolerante

Los nacionalistas afincados en las autonomías suelen reclamar una España plural. Ayudaría que esos nacionalismos también sean plurales. La intolerancia no puede ser coartada de intolerantes.

Demasiada mayoría

Una encuesta ha revelado que la mayoría de los españoles cree que en su país hay demasiados inmigrantes. Es cierto. Dentro de unos años este tipo de encuestas se hará para preguntar a los inmigrantes si no hay demasiados españoles. Una mayoría de cualquier cosa siempre es demasiado.

lunes, diciembre 29, 2003

Dictadores y dictados

Ya he leído dos veces en El País de Madrid que Perón fue un dictador. No recuerdo en detalle la ocasión anterior (¿Javier Marías?), pero la última fue en una columna dominical de Mario Vargas Llosa contra Sadam Husein.

No soy peronista ni siento particular aprecio por el rol histórico del líder de este movimiento, pero citar su nombre en una nota sobre Sadam y ponerlo en una lista negra de "tiranuelos tercermundistas" junto con Baby Doc, Batista y Mobutu es francamente estúpido.

La única participación de Perón en una dictadura fue en el comienzo de su carrera política, a comienzos de los años 40, cuando acumuló cargos durante la presidencia del general Ramírez. Era una época de corrupción generalizada y golpes militares frecuentes. Esto no lo justifica, pero tampoco lo convierte automáticamente en un dictador, así como nadie llamaría dictadores en España -la España de la cual es ciudadano Vargas Llosa- a los políticos vinculados al franquismo que luego se convirtieron a la democracia.

A partir de allí, Perón fue expulsado y detenido por sus propios jefes, liberado por el reclamo popular, triunfador en tres elecciones, derrocado por un golpe militar y proscrito por décadas. Cuesta creer que esa sea la carrera de un tirano, y es directamente un disparate asociar este recorrido histórico con el de los genocidas que nombra Vargas Llosa.

Está claro que Perón practicaba un nacionalismo populista directamente inspirado en la experiencia de Mussolini. Tampoco hay duda de que intentó mezclar el Estado con la estructura de su propio partido para construir un movimiento que trascendiera los mecanismos democráticos. Pero cada vez que tuvo el poder desde 1945 lo hizo a través de las urnas, respetando la Constitución y manteniendo los poderes de la República en funcionamiento.

Se entiende que en su preocupación por vocear la cambiante agenda estadounidense, que viste de sátrapa al que ayer era socio, Vargas Llosa escriba a mano alzada y cometa errores. Pero el diario que paga por sus columnas no debería permitirlos. Siguiendo el modelo aristotélico de las formas de gobierno, Perón puede haber sido un demagogo, pero nunca un tirano. Argentina no fue bajo Perón una tiranía más que Estados Unidos lo es hoy bajo Bush, algo sobre lo cual Vargas Llosa no escribirá jamás. Porque no está claro si Bush es un tirano, pero es seguro un dictador: es quien dicta a Vargas Llosa lo que debe escribir, lo que es una pena, porque a este hombre se le daban mejor las letras cuando escribía lo que quería.

viernes, diciembre 05, 2003

DOS CATEGORÍAS

En España hay dos clases de personas: las que están cerca de la Zarzuela y las que están cerca de la cazuela.

viernes, septiembre 12, 2003

DEUDAS PERSONALES Y DEUDAS PÚBLICAS

Vengo manteniendo una larga discusión por email con un amigo español sobre la situación financiera de Argentina. Su punto es, básicamente, que Argentina debe pagar todo lo que debe sin chistar y aceptar todas las condiciones, ya existentes o nuevas, que se le impongan.

El lugar apropiado para discutir sobre esto sería un foro o este blog. De momento, voy publicando mi último mensaje a él sobre el tema. En la opinión de mi amigo, la deuda de un país es comparable a un préstamo hipotecario. La respuesta:

Cuando no pagas la hipoteca, el banco no revisa tus cuentas ni te dice cómo debes manejar tu economía familiar. Te embarga y punto. Cuando un país no paga, como no puede quebrar ni ser embargado, el prestamista quiere controlar su economía. Pero el FMI ha demostrado ser extremadamente torpe en esa tarea: en México en 1982 y 1994, en el sudeste asiático en 1997, en Rusia en 1998, en Argentina en 2001.

El Fondo quiere que todo el superávit argentino se destine a pagar deudas, que se desate la ejecución masiva de morosos hipotecarios dañados por la crisis y que el gobierno argentino cubra a las empresas extranjeras por el riesgo inherente de sus negocios. Ese es su "proyecto sustentable" para la economía argentina.

Las responsabilidades del desastre financiero argentino son compartidas: tanto de los argentinos que aceptaron dinero fácil como de los financistas que -después de haber amasado fortunas- ahora piden ser compensados por haber jugado a la ruleta con nosotros. El problema es que mientras Argentina paga sus errores con millones de desnutridos y parados, en el FMI siguen como si nada hubiera pasado, sin autocrítica ni cambio de técnica. Su método es el mismo de siempre: no darle de comer al niño hasta que crezca.

El FMI retrasó deliberadamente la negociación para que Argentina se viera obligada a pagar con el 30 por ciento de sus reservas propias actuales y no con los fondos del nuevo acuerdo. Una manera cruel de querer demostrar quién manda.

No es que Argentina no quiera pagar. Solo no quería ser obligada contra reloj a firmar un acuerdo leonino que ahogaría su incipiente crecimiento económico. En este contexto, la actitud de Argentina es una muestra de seriedad frente a un organismo desprestigiado y fuera de control.

El FMI fue creado para ayudar a los países en problemas, no a los financistas en problemas. Un organismo internacional debería aportar racionalidad; sin embargo, ellos primero prestaron irracionalmente y ahora quieren cobrar irracionalmente. Argentina ha decidido comenzar a razonar. Si de verdad quieren un país "sustentable", como repiten hasta el agobio, tendrán que aceptar que la sustentabilidad también es social. Los países no quiebran, pero sus habitantes sí.

sábado, agosto 16, 2003

WE'RE ALL ON THE GRID TOGETHER

We're All on the Grid Together

"Las fallas en cascada son comunes en la mayoría de las redes complejas. Ocurren en Internet, donde el tráfico es desviado automáticamente para evitar routers en mal funcionamiento, creando ocasionalmente ataques de negación de servicio en routers que no están preparados para manejar ese tráfico extra. Fuimos testigos de una de estas fallas en cadena en 1997, cuando el Fondo Monetario Internacional presionó a los bancos centrales de varias naciones del Pacífico para que limitaran su crédito. Eso inició una falla monetaria en cascada que dejó una estela de bancos y empresas en quibra por todo el mundo."

Publicado hoy en la página de opinión del New York Times. Albert-Laszlo Barabasi es profesor of Física en la Universidad de Notre Dame y autor de "Linked: The New Science of Networks."

viernes, agosto 15, 2003

NUEVO COLUMNISTA

Lingenti dice que el artículo anterior será publicado por AFP. Veremos.

JUGAR PARA LA TRIBUNA

Argentina sigue revelándose como un país curioso. Es lo primero que pensé cuando esta semana vi por TV al diputado del PJ Oraldo Britos súbitamente transformado en férreo defensor de los derechos humanos, igual que muchos otros de sus colegas que mantuvieron un inconmovible silencio sobre el tema durante muchos años, ofreciendo un encendido discurso en el Congreso, como corolario de la anulación de las leyes de impunidad que se votó en la Cámara Baja.

En medio de la algarabía general -a la que se sumó todo el progresismo vernáculo- hubo dos voces disonantes, escuchadas con diferente atención: la del vicepresidente Daniel Scioli, que extrañamente tuvo una semana algo díscola y muy mediática, y la de Luis Zamora, sobre la cual se tendió un claro manto de silencio.

Ni Página/12, muy ocupado en reafirmar el tono celebratorio con el que eligió dar a conocer la noticia, ni Clarín (por mencionar a dos de los diarios que mayoritariamente leen los bienpensantes nacionales) le dieron un espacio, ni siquiera moderado, a la postura del diputado de Autodeterminación y Libertad, que se abstuvo en la votación del martes luego de aducir que la anulación no incluye a los indultos y que tampoco cambia en nada la situación de las causas que están en los tribunales.

Zamora agregó que "la anulación tuvo como objetivo político evitar el camino de las extradiciones", algo que suena, como mínimo, atendible. Hay un dato que apoya su sospecha: más allá del carácter simbólico de esta medida, lo cierto es que cada juez podrá resolver lo que desee sobre los casos de militares procesados por violaciones a los derechos humanos.

Por otra parte, y como bien señaló Daniel Gutman en su columna de Clarín del miércoles último, "el camino elegido por el Gobierno -una ley que anule las leyes del perdón para que desaparezcan como si nunca hubieran existido- es poco ortodoxo. De acuerdo a la división de poderes establecida por la Constitución, es la Justicia quien controla la validez de las leyes y eventualmente puede dejarlas sin efecto. Hasta ahora, siempre que el Congreso quiso revisar una decisión propia, lo hizo derogando esa ley pero sólo con efecto hacia el futuro".

La decisión del Congreso, calificada por especialistas en Derecho de distintas extracciones ideológicas como una aberración jurídica, de ninguna manera obliga a los jueces a considerar anuladas las leyes de impunidad, lo que induce a pensar que la celebración a la que sumaron muchos es un poco apresurada.

En realidad, lo que Zamora subrayó, utilizando simplemente el sentido común, es que es mucho más probable que los represores sean juzgados en el exterior (cosa absolutamente razonable teniendo en cuenta que se los acusa de delitos de lesa humanidad, imprescriptibles y de alcance universal) que aquí en el país.

El escenario podría cambiar con la llegada de Eugenio Zaffaroni a la Corte Suprema, es cierto, pero eso aún no es un hecho y es legítimo inferir que se trató de detener un proceso seguro y expeditivo (el del juzgamiento en el exterior) para reemplazarlo por otro que sumará una nueva dilación, sobre todo teniendo en cuenta la velocidad de caracol de la Justicia argentina.

Zamora puede tener razón o no, pero aquí no hubo mucho espacio para el disenso y sobró "gente jugando para la tribuna", como se suele decir en la jerga futbolera. Resulta extraño que muchos de los perjudicados por la violencia de un régimen de facto (esto es, que desconoció por completo los mandatos constitucionales), celebren un nuevo manoseo a la institucionalidad. Tan extraño como la conformación involuntaria de un frente pro-juzgamiento de los represores militares en la Argentina que unió a Página/12 con Oraldo Britos y a los organismos de defensa de los derechos humanos con Antonio Laje. Argentina, qué duda cabe, es un país curioso.

jueves, junio 26, 2003

GIBSON SOBRE ORWELL

El New York Times publicó ayer un bello artículo de William Gibson sobre el centenario de George Orwell. Bello porque afirma con elegancia, brevedad y contundencia cosas ambiguas e incluso contradictorias. Destaco las dos que me resultaron más interesantes: que Internet es la consumación democrática de la pesadilla orwelliana y que esa consumación no implica necesariamente que los poderosos -ni los individuos comunes- tengan el control absoluto de lo que sucede.

El primer punto es, sobre todo, ambiguo. Intento traducir: "Nos estamos aproximando a un estado teórico de absoluta transparencia informativa, pero uno en el cual el escrutinio orwelliano no es más una actividad estrictamente jerárquica, de arriba hacia abajo, sino hasta cierto punto una actividad democratizada". Lo que Orwell imaginó como una pesadilla está ocurriendo no como consecuencia de la imposición de un tirano sino como fruto del ejercicio de la libertad expresiva de los ciudadanos voluntariamente conectados a la Matrix informativa. Por supuesto, esto no sucede solo en Internet, sino a través de los esfuerzos por informatizar los registros médicos personales, por montar sistemas de vigilancia permanente por vídeo en lugares públicos y hasta por la ola de reality shows televisivos. Es gracioso que un programa de TV llamado Gran Hermano construya un laboratorio social basado en la narración de Orwell solo para descubrir que muchísima gente desea ser vigilada y que si el Gran Hermano existe, no es un individuo sino el público, la muchedumbre.

Cada vez que buscamos agujas en Google, recomendamos sitios o tejemos nuestras ideas en un blog, en un sentido somos más libres y en otro nos sometemos voluntariamente a la tiranía de conocer y de ser conocidos. Sabemos todo, pero a cambio de que se sepa todo de nosotros. Esto nos deja a las puertas del segundo punto, el contradictorio: "Se está volviendo cada vez más difícil para cualquiera, absolutamente cualquiera, guardar un secreto", dice Gibson. Pero luego agrega: "Un mundo de transparencia informativa será necesariamente uno de múltiples puntos de vista, atravesado por datos incorrectos, desinformación, teorías conspirativas y una cuota diaria de locura". Es casi imposible guardar secretos, pero también es casi imposible encontrarlos y, si son encontrados, entenderlos. La regla vale tanto para individuos como para gobiernos y corporaciones. Es posible, entonces, que el impulso por conocer todo sea tan caótico que siempre quede, como en 1984, un sitio donde el saber no llegue y un individuo pueda urdir una rebelión, aunque no sepa bien para qué. ¿Es bueno esto? No lo sabemos, pero evidentemente es inevitable.

jueves, junio 19, 2003

La primera privatización de la Argentina moderna ocurrió hace décadas: la concesión de una parte de la salud pública -la llamada seguridad social- al sindicalismo. El PAMI es una prolongación monstruosa de esta práctica.

domingo, junio 15, 2003

Divertículo de Kirchner: pequeña bolsa diverticular en la trompa auditiva.